martes, 6 de octubre de 2015

SALÁH AD-DIN, EL CONQUISTADOR DE JERUSALÉN, EL CABALLERO DEL ISLAM, EL CLEMENTE, EL GENEROSO, EL COMPASIVO.




Durante las guerras que se produjeron en Tierra Santa, denominándose como "Cruzadas", lo que más faltó fue la clemencia, la generosidad y ser compasivos con el prójimo, ya que la sangre vertida fue grande y de toda clase, aunque la mayoría cristiana y musulmana.

Por eso llamar a un líder tan carismático y sobre todo guerrero como Saláh ad-Din, Saladino para los cristianos, Clemente, Generoso y Compasivo es una incongruencia. Pero no es así, pues el acto que acometió al finalizar la conquista de Jerusalén en 1187, fue algo inusual y sobre todo digno, pues en las guerras, en lo que menos se piensa son en los pobres, ancianos y niños, es decir en la población civil, pues esta siempre paga los platos rotos de gobernantes que solo saben de sus bienes materiales, orgullos, títulos y grandezas. Mientras que los demás solo entienden de una cosa, salvar su vida.

Aunque hablaremos de la batalla, nos centraremos en la actuación que tuvo dicho monarca con los derrotados.

Remontémonos entonces en la línea del tiempo hasta 1187, 20 de Septiembre, donde Jerusalén está sitiada por un gran ejército sarraceno. Lo comanda Saláh ad-Din, el lider musulman que supo unir de nuevo al Islam en un momento donde las tribus mahometanas se dividieron en el poder, luchando entre ellas. Este ejército constaba de 60.000 hombres, mientras que Jerusalén está defendido por unos 6.000, que reconociendo a Balian de Ibelan lo ponen al mando de la defensa, cuando esté llega a Jerusalén para sacar a su esposa e hijos, y así librarlos de la guerra. 

Diez días dura el asedio a la Ciudad Santa para las dos religiones enfrentadas, siendo el 30 de Septiembre cuando Balian rinde la ciudad al conseguir un pacto de benevolencia de parte de Saláh ad-Din, pues este permite un rescate de vidas a los habitantes de Jerusalén. 

Expliquemos esto.

Saláh ad-Din ante la renuncia de rendir la ciudad por parte de Balian que amenaza con destruir todas las mezquitas y riquezas que tenga Jerusalén antes de entregarla, ya que prefiere morir matando sarracenos, decide hacerle ver que no conseguirá nada, y claro, diez días de duro asedio y poco abastecimiento, hace que Balian, al menos consiga que Saláh ad-Din ponga un precio por vida y así puedan salvarse muchas de las que están dentro de la cuidad, que de otro modo solo conseguirían morir, sin conseguir nada en absoluto.

Balian de Ibelan
Saláh ad-Din después de consultar a sus emires y ver que es una buena opción, decide que cada hombre pague diez dinares, cinco cada mujer y uno cada niño por su vida, así los cristianos de la ciudad podrían salvar su vida y poder irse de Jerusalén.

Claro, en otras circunstancias podrían haber hecho el pago, pero la mayoría eran pobres y no podían hace frente a ese rescate, por lo que Balian puso reticencias al pacto, doblegando Saláh ad-Din a un rescate de 30.000 dinares por 7.000 cautivos, rebajando la cantidad a menos de cinco dinares por persona.

Entonces Balian aceptó y la ciudad cambió de manos. 

Saláh ad-Din entró triunfalmente en al-Quds, Jerusalén en árabe, reconquistando así un símbolo en el Islam, pues allí se encuentra la mezquita de al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, donde según la tradición musulmana, su profeta Muhammad ascendió a los cielos junto al Ángel Gabriel desde la roca que hay en su interior.

Balian y Saláh ad-Din negociando la capitulación de Jerusalén
Lo interesante no es que cumplirá con lo pactado, pues de esa forma incluso podía haber sacado mucho provecho, ya que la mayoría de los cristianos serían esclavizados y eso siempre renta en la sociedad que vivían.

Pero no fue así, al llegar los cuarenta días de plazo, los que pudieron pagar salieron libres y con parte de sus pertenencias, pues fue prohibido el saqueo, violaciones y pillaje.

Lo  que llama la atención es que indultó a más de 2.000, luego dejó libres a los ancianos y más tarde a los padres de familia, viudas y huérfanos, y junto a la libertad,  les proveyó donativos. 

Sin duda un claro ejemplo de no ser como sus antecesores y sucesores, donde el baño de sangre, humillaciones, violaciones y cualquier maldad, era lo que se hacia cuando Jerusalén cambiaba de manos en una batalla.

Asedio de Jerusalén
Además la anécdota y contrapunto a esta actuación la realizó el patriarca de Jerusalén, Heraclio, que después de pagar sus diez dinares, abandona la ciudad con varios carros cargados de las riquezas que la iglesia tenía, sin ofrecer una sola moneda por sus correligionarios que atrás quedaban. 
No como otros monarcas de la cristiandad que enviaron fondos para rescate de los cristianos de Jerusalén. Cosa que no hizo falta pues al final casi todos, por no decir todos, salieron por la clemencia, generosidad, y la compasión que demostró un Sultán como Saláh ad-Din.

En el cine este suceso queda reflejado en la película "El Reino de los Cielos".


Saláh ad-Din cuando conquistó Jerusalén

Bibliografía:
Nacional Geographic Historia
Gecoas
Factoría de historia
Grandes batallas
Clip
El País.

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