lunes, 4 de abril de 2016

LA LEALTAD LE HIZO QUEMAR SU PROPIO PALACIO



En la rivalidad que ocurrió entre los monarcas Carlos l y Francisco l, de España y Francia respectivamente, durante el siglo XVI, hubo un suceso que ha pasado a la historia con uno de los mayores exponentes de honor y lealtad.

En 1521 muere en Francia Susana de Borbón, Duquesa de Borbón-Montpensier, no dejando herederos a Carlos  (imag. dch), tercer Duque de Borbón-Montpensier y condestable frances, es decir, jefe de los ejércitos franceses estando solo por encima el rey.

El problema se presenta cuando la reina madre, Luisa de Saboya (imag. abajo), reclama como herencia el ducado de la difunta por ser la pariente más cercana alegando que no podían pasar a su esposo por ser de su prima y no de Carlos que pertenecía a una rama borbónica inferior.


Carlos lll se enfrenta a su reina en un pleito que no podía ganar ya que ningún juez se iba a enemistar con la reina madre sabiendo cómo se las gastaba el rey, así que siendo humillado cuando el propio rey sentencia que los títulos y las tierras pasen a su madre dejando solo para el duque el título de  Montpensier traiciona a su país y rey poniendose a disposición del Emperador Carlos, enemigo acérrimo de Francisco l y suyo, pues el mismo lucho contra los españoles.

En esta tesitura Carlos l recupera el Milanesado gracias a la ayuda del condestable francés abriendo la brecha entre los españoles y franceses siendo este punto el que inicia una guerra ya declarada a la que se estaba desarrollando en forma de competencia monárquica.

A Francisco (imag. dch) la ira lo nubla y asedia el ducado haciendo que el Duque Carlos huya disfrazado hacia España poniendose ya visiblemente al servicio del Emperador Carlos teniendo grandes éxitos como el de la batalla de Pavía cuando junto a Fernando de Austria, hermano del Emperador, y el virrey de Nápoles infringen una aplastante derrota a Francisco I que es hecho prisionero.


Entonces en 1526 los Carlos, Emperador y Duque, se reúnen en Toledo siendo este hecho lo que produce el suceso de honor y lealtad de parte de Alonso Pimentel, Conde de Benavente.

Según el romance del Duque de Rivas el Emperador Carlos I le pide que acoja en su casa al Borbón para agasajarlo de la mejor forma posible durante su estancia en la ciudad de las tres culturas por sus servicios a la corona, a lo que Alonso responde:


 "Soy, señor, vuestro vasallo,
vos sois mi rey en la Tierra,
a vos ordenar os cumple
de mi vida y de mi hacienda. 


Vuestro soy, vuestra mi casa,
de mí disponed y de ella,
pero no toquéis mi honra
y respetad mi conciencia. 






Mi casa Borbón ocupe
puesto que es voluntad vuestra,
contamine sus paredes,
sus blasones envilezca, 


que a mí me sobra en Toledo
donde vivir, sin que tenga
que rozarme con traidores
cuyo solo aliento infesta. 




Y en cuanto él deje mi casa,
antes de tornar yo a ella,
purificaré con fuego
sus paredes y sus puertas."



Y eso fue lo que ocurrió, el Conde de Benavente incendió su palacio con todo su mobiliario y pertenencias antes que tener que residir en un hogar donde hubiera dormido un traidor a su rey y patria.

El caso es que este hecho histórico se conoce incluso en Japón cuando uno de los escritores nipones más leídos del siglo XX y que se suicidó en 1970 de una forma muy extravagante llamado haraquiri  relacionando este hecho con el honor de los samurais, hablamos de Yukio Mishima.

La realidad es que no hay crónicas que confirmen lo que el Duque de Rivas (imag.dch) mediante este Romance llamado Un Castellano Leal, y es que hay varios motivos:

1- El Conde de Benavente nunca tuvo residencia en Toledo.

2- Los historiadores citan que el Duque de Borbón se alojó en el Palacio de los Cifuentes.

3- Posiblemente el que protagonizó la discusión con el rey fue el marqués de Villena y que pudo expresar la indignación de tener que alojar a un traidor en su residencia haciendo uso de su bravuconería aseguró quemar su casa para purificarla antes de entrar a residir otra vez en ella.

4- No hay ninguna crónica que recoja tal hecho singular en Toledo.

Por lo que podemos decir que de un suceso como la visita del Duque de Borbón a Toledo quedó grabada en forma de leyenda.


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