domingo, 28 de febrero de 2016

EL CRIMEN DE CINTAS VERDES, CÓRDOBA SE VISTE DE LUTO EN SU FERIA


Córdoba estaba disfrutando de su feria de Mayo y todos estaban expectantes ante el acontecimiento de dichos festejos pues el domingo 27 de Mayo de 1890 tres de los mejores matadores, Lagartijo, Guerrita y Espartero que se enfrentarían a seis morlacos de la ganadería José Orozco en la plaza de toros de los Tejares. Pero Córdoba no sería recordada por la faena taurina sino por la faena macabra que llevó a cabo Cintas Verdes. 


Todo sucede como pasamos a relatar.

Sobre mediodía en el cortijo "El Jardinito", un cortijo que hay en la carretera de Obejo más o menos a unos 5 km de Córdoba y propiedad del Duque de Almodóvar del Valle, se vierte una cantidad de sangre tremenda. Un tal Pepillo Cintabelde llega con la excusa de comprar naranjas, así que mientras Rafael Balbuena, el arrendador del cortijo, las está cogiendo Pepillo discute con Antonia Córdoba y esposa del capataz del cortijo porque esta no le daba dinero para ir esa tarde a la corrida de toros. Y es que se cuenta que tenían relación de amistad pues la esposa de Pepillo amamantó al hijo pequeño de los capataces aunque estos se fueron del cortijo porque este murió a los pocos meses. 


Antonia había vendido recientemente unas vacas y su esposo estaba empleando esos duros en la feria del ganado donde se encontraba en ese momento, así que ese era el motivo por lo que no podía ayudarlo. Pepillo saca una pistola y le pega un tiro, en ese momento dos hijas de Antonia, una de siete y otra de tres años que se asoman al escuchar la detonación son degolladas. Pepillo entiende que si deja testigos sabrán quién fue el asesino por lo que se dirige a los naranjos y le pega un tiro a Balbuena. La mala fortuna hizo que el guarda jurado Pepe Vello, es también tiroteado porque estaba en ese momento rondando el cortijo.


La noticia no se hace esperar y llega al cuartel de la Guardia Civil unas pocas horas después, un campesino apellidado Gavilán le cuenta al Teniente Paredes lo sucedido y este no decide ponerlo por escrito todavía pues sale a galope tendido con varios compañeros hacia el cortijo.

La escena es dantesca pero hay un rallo de esperanza cuando Antonia todavía con un poco de vida dice que ha sido "Cintas Verdes" o algo así. Paredes toma nota y comienza a preguntar sin tener una respuesta satisfactoria hasta cuando empieza la corrida, pues está desplegando a sus hombres para el dispositivo de seguridad a causa del evento taurino. Entonces pregunta a unos municipales y uno de ellos le dice que a lo mejor preguntan por Cintabelde, un compañero que fue echado del cuerpo por ladron y se gana la vida como albañil. El Teniente le pide que lo acompañe a la casa del sospechoso, al llegar le preguntan a su esposa Teresa por Pepillo y esta enfadada les dice que ni ha comido pues llegó, se cambió y se fue a los toros, entonces Paredes hace un registro y encuentran una pistola con olor a pólvora reciente y una camisa con sangre.


El teniente Paredes se dirige rápidamente hacia la casa del gobernador para pedirle algo que no se ha hecho nunca, y es que cuando termine la corrida los aficionados deben salir de uno en uno para reconocer al sospechoso y detenerlo pues este no sabe que lo están siguiendo.

El gobernador accede y se produce el estrechamiento del cerco al asesino, y tal como el teniente profetiza sucede, un municipal lo reconoce y es detenido.


Pepillo es interrogado siendo arrogante y firme expresando su inocencia pero se derrumba cuando Paredes le dice que Antonia lo ha delatado, entonces Pepillo se derrumba y confiesa su autoría.
Lo que sorprende es cuando le preguntan porque ha degollado a las niñas este con sangre fría dice "que tienen la lengua como los mayores"

Cintabelde es juzgado y condenado a cinco penas capitales siendo ajusticiado a garrote vill en junio de 1891.


Otro crimen en la crónica negra de España y todo para conseguir unas entradas para los toros, y es que muchas veces la afición se convierte en una adición.

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