domingo, 8 de mayo de 2016

HERNANDO DE SOTO Y SU EXPLORACIÓN FRUSTRADA


Los exploradores más importantes de la historia moderna son Hernán Cortés y Pizarro, posiblemente porque fueron de los primeros y porque las tierras que exploraron y conquistaron eran las más ricas que el mundo europeo había conocido hasta el momento.

Esta circunstancia y la de que en muchas partes de la incipiente España se sufría una hambre severa, sobre todo en Extremadura, que se convirtió en el utero de la conquista del Nuevo Mundo ya que fue en la tierra donde nacieron más hombres con espíritu aventurero y que dirigieron campañas exploradoras en las nuevas tierras. El honor, un sentimiento muy arraigado en los reinos de la península y la fortuna, un estado muy deseado desde la antigüedad hizo que muchos se liaran la manta a la cabeza y embarcarán en expediciones sin saber si volverían a ver la Gilralda.

Uno de estos hombres es Hernado de Soto, un extremeño, no se sabe a ciencia cierta si de Jerez de los Caballeros o de Barcarrota, ya que enviaba dineros a este último que vivía su hermano pero queriendo descansar eternamente en el primero por el motivo de que allí lo esperaban sus ancestros, circunstancia que no pudo cumplirse por cómo se produjo su tránsito al Aberno; y es que tal y como creían los romanos solo faltó que le colocaran las dos monedas de oro en los ojos como pago a Caronte por su trabajo de barquero para cruzar el río hacia ese estado de inactividad. Pero De Soto como escribiría el Inca Garcilaso de la Vega «falleció como católico cristiano, pidiendo misericordia a la Santísima Trinidad, invocando en su favor y amparo la Santa Sangre de Jesucristo nuestro Señor y la intercesión de la Virgen y de toda la Corte celestial y la fe de la Iglesia Romana», siendo su cuerpo hundido en el río Misisipi porque los indígenas los consideraban inmortal y temían que su cuerpo fuera utilizado en 
rituales paganos.

Y es que Hernando de Soto se le recuerda por esta exploración de más de 6.500 kilómetros por los actuales estados de Carolina del Sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississipi y Arkamsas con muy pocos logros, tan solo un camino de conflictos y enfrentamientos con tribus como las de Apalaches, Cherokees, Seminoles, Choctaws, etc. 

La expedición constaría de cerca de 1000 hombres, dos docenas de religiosos y dos mujeres además de una gran cantidad de caballos y cerdos, pues no sólo iban soldados, iban mercaderes, ganaderos, agricultores, es decir una flota de 90 navíos para poblar la nueva tierra.



Pero De Soto poco recordado en España pero muy presente en esa parte del mundo porque no fue tan brutal como Pánfilo Narváez que masacró y arrasó con lo que encontró a su paso, y aunque Hernando no fue ningún santo ya que secuestraba a los jefes tribales y esclavizaba a los hombres utilizándolos como porteadores libró a las mujeres de la peor experiencia que podrían vivir, la violacion, así que aquel paseo en busca del oro, plata y piedras preciosas que había prometido a sus hombres y que De Soto anhelaba para recuperar hasta el último maravedí que había invertido en aquella búsqueda del Dorado norteño se convirtió en la pesadilla de todos, pues solo sobrevivieron unos 300 hombres que llegaron a Panuco, Nueva España, el actual México, bajo las órdenes de Moscoso, ya que como hemos dicho De Soto murió en el Misisipi. 





Lucharon contra los indígenas hasta la extenuación, sufrieron una calor extrema a causa de la humedad de los pantanos que emergen en La Florida, soportaron las picaduras de los mosquitos, evitaron las fauces de los caimanes, aguantaron la sed y las tierras áridas de Arkansas hasta que el gran río se interpuso entre ellos haciendo unas balsas para cruzarlo, pero el explorador que había estado en Panamá, Nicaragua y Honduras que participó en la conquista de Cuzco donde entabló una gran amistad con Athahualpa, el emperador inca que Pizarro ejecutó no cumpliendo su palabra de liberarlo cuando esté cumplió la promesa de enterrarlo en oro, y que volvió a España con 100.000 escudos de oro, una verdadera fortuna que le serviría para casarse con Isabel de Bobadilla y disfrutar de una vida plácida en Sevilla que no pudo soportar solicitando al Emperador una nueva expedición a La Florida otorgándole el marquesado de las tierras que conquistara, la gobernación de Cuba y el adelantamiento de La Florida, eso sí, si la sufragaba él y es que hay que recordar que tanto la de Ponce como la Pánfilo fueron un desastre, no obtuvo las recompensas que tanto soñaba. 


Pero el resultado de esta expedición no indica que fuera un fracaso ya que recorrió tierras nuevas, se le considera al primer europeo que avistó el Misisipi, y tuvo contacto con tribus que más tarde fueron masacradas por los ingleses y nuevos colonos llamados Estadounidenses. Y es verdad que lo único falló es no redactar una crónica que quedará para la historia.

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