miércoles, 9 de diciembre de 2015

LA BODA SANGRIENTA DE ALFONSO XIII

    
     
Quién iba a imaginar que una boda real comenzara con una gran tragedia.

Era el día 31 de Mayo de 1906 y desde antes que amaneciera, Madrid era un hervidero, se esperaba unas 40.000 personas venidas de distintos lugares, por eso el Ayuntamiento de la Villa más grande del Reino, engalanó las calles que la comitiva nupcial recorrería en un acto de agradecimiento de parte de los reales novios a sus súbditos, que tan alegremente y con tanto cariño esperaban el acontecimiento.

Alfonso XIII, el monarca español, tenía veinte años y Victoria Eugenia de Battenberg, princesa británica, nieta de la Reina Victoria, unos diecinueve. Según las crónicas un enlace por amor, y esto recordó mucho al de su padre, Alfonso XII con su prima María de las Mercedes. 

                                        

Esos años aunque España corrían tiempos turbulentos y muy movidos por estar comenzando una nueva época que no lograría asentarse hasta muchas décadas después, no todo el mundo veía el enlace con el romanticismo que el pueblo llano.

Llevaban tiempo varías corrientes anarquistas queriendo destacar y eliminar todo orden en pro de las libertades y derechos humanos, al coste que fuera,  pues como veremos no importaban los daños colaterales.

En este tragín y aunque los novios habían sido amenazados de muerte para esa fecha, como si de una ejecución se tratase, el monarca no dio más importancia al asunto haciendo que las autoridades reforzarán la vigilancia y nada más.


Por esos días y con motivo del enlace llega a la capital el anarquista Mateo Morral, que decantándose como monarquico en la pensión donde se aloja, pide todos los días un ramo de flores, con la excusa de agasajar a los novios en el día más importante de la etapa que comienzan juntos.

Pero Mateo Morral tiene otras intenciones, ya las tuvo en París el año anterior, pero en esta ocasión no se fallaría. Así que el día del enlace hace creer a los posaderos que está algo indispuesto y prefiere que no lo molesten; pero la indisposición que tenía era la bomba modelo Orsini que estaba montando para cuándo llegarán los reyes a la Calle Mayor a la altura del Número 88 (actual 84).
     

Los novios siguen con su vida, ¿quién iba a imaginar lo que ocurriría?

Salen de la iglesia de Los Jeronimos, donde se produce el enlace con la asistencia de las casas reales europeas que han sido invitadas par el evento, y en el recorrido todo el mundo los saludan con gritos de ¡Vivan los Novios! ¡Viva la novia! ¡Viva el rey!; Madrid es una fiesta, muchos han pagado una peseta por una silla que se han colocado en las calles para ver la carroza real y su séquito, y otros han alquilado los balcones que dan al recorrido y que en algunos casos han llegado a pagar 2.000 pesetas dependiendo la ubicación y la cercanía al Palacio Real.


Pero sobre las dos de la tarde, en un abrir y cerrar de ojos la fiesta se convierte en gran confusión, una explosión da paso a una nube negruzca, gritos, lamentos y dolor. Cuando se disipa el humo y la luz deja ver con algo de claridad la Calle Mayor solo se ve gente correr gritando, muertos y heridos.
       

El Rey sale de su carroza con el traje desgarrado diciendo:

"NO ES NADA..., QUE NADIE SE ASUSTE..., ¡ESTAMOS ILESOS!

Por poco, ya que según las crónicas de la época, la bomba envuelta en un ramo de flores, fue lanzada desde la pensión, se desvió cuando chocó con un cable del tranvía y cayó entre la multitud allí congregada.

28 muertos y un centenar de heridos, fue el resultado de tal atentado, siendo el segundo más grande hasta el 11-M.
      

El terrorista Mateo Morral, que no era pobre ni un trabajador desesperado, sino un empresario textil catalán que sabía varios idiomas y había viajado por media Europa, sale corriendo de la pensión y se oculta en la redacción del periódico EL MOTÍN, cuyo director, José Nakens le da cobijo hasta el día siguiente que huye fuera de Madrid.

El dos de Junio en un ventorrillo de Torrejon de Ardoz es detenido por un jurado jurado ante las sospechas que la gente tiene por la forma de vestir, las manos vendadas y la forma de hablar.

Según las últimas investigaciones no se entregó pacíficamente como la versión oficial sostiene, sino que mató al guarda y se suicidó camino del cuartelillo.


Madrid y los novios siguieron con el festejo, según se sabe para no dar gusto a los anarquistas, pero los madrileños sufrieron el horror y el dolor como nunca antes había pasado, y no gustó mucho la actuación real.

Solo se hizo honor a las victimas en 1963 cuando en el lugar de los hechos se puso un monumento para recordar tal suceso.

                             

Otro hecho insólito fue cuando en plena Guerra Civil el Ayuntamiento que estaba en manos republicanas elimina el nombre de la Calle Mayor para llamarla Mateo Morral, no se sabe porque, pero sin duda que no fue acertado y mucho menos moral.

Así que cuando paseemos por la Calle Mayor a la altura del Número 84, esquina con la Calle Arenal, recordemos que allí por las ideas de un hombre murieron 28 inocentes y fueron heridas un centenar más.



BIBLIOGRAFÍA:

Magnicidios 1906, Atentado contra Alfonso XIII, elpuntodelahistoria.com 
El obrero que quiso matar a Alfonso XIII, el periódico de Aragón 
Así fue la boda de Alfonso XIII y Victoria Eungenia de Battenberg, Hola
1906:Boda y atentado de AlfonsoXIII, blogs.libertaddigital 
Atentados anarquistas en la España del siglo XIX, Pronunciamientos.
Atentado contra Alfonso XIII, Numero 126, Historia de Iberia Vieja.

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