martes, 3 de marzo de 2015

LA SAGUNTO ÍBERA, UN EJEMPLO DE RESISTENCIA ANTE EL INVASOR



Sagunto es una ciudad valenciana con una historia milenaria ya que se conoce su existencia desde antes del 220 a E.C. siendo llamada por sus habitantes Arse, llegó a ser la capital de los Edetanos, una tribu ibérica que dominaba la parte del levante peninsular por su proximidad al mar, unos tres kilómetros escasos, la hacía baluarte para el comercio y puerta para el interior de la península.

Por eso la incipiente Roma se fijó en ella creando un tratado de protección ante ataques enemigos para que esta surtiera a la ciudad del Tíber de los productos que estos deseaban mientras los edetanos de Arse podían establecer una ruta comercial entre Emporia y Masselia (Marsella) hasta llegar a Pisa en la península itálica.

Pero había un problema en esos tiempos para esta ciudad, y se llamaba Aníbal Barca que decidió atacar a la ciudad en el 219 a E.C. por que los edetanos rompen el tratado del Iber (Ebro) donde se firma que ningún ejército, romano o cartaginés, atravesaría tal río con fines bélicos estableciéndolo en una frontera natural entre sus dominios en la península Ibérica. 

Aquí tenemos que explicar que hay varias opiniones pues la versión oficial del ataque cartaginés a la ciudad que está bajo la protección romana es por la amenaza existente de los edetanos a los turdetanos, aliados de los cartagineses, que tenían ricas minas y que los edetanos querían para ellos. Pero si Sagunto estaba dentro del dominio cartaginés, estos habían traicionado a los cartagineses, y por otro lado hay historiadores que afirman
que ese río Iber debería ser el Jucar o Segura que están al sur de la ciudad edetana.

Aníbal jura venganza ante Baal
Lo que importa es que de una forma u otra Aníbal puso sus ojos en esta ciudad, seguramente por la fijeza de vengarse de Roma por la derrota que esta le infligió a su ciudad de origen, Cartago, en la I Guerra Púnica, objetivo que tuvo hasta la muerte y que no pudo conseguir.

Así que en el 219 a E.C. se lanza sobre esta ciudad que resiste de forma heroica.

Sagunto se defiende con uñas y dientes pero los cartagineses son unos 50.000 hombres de los cuales muchos son mercenarios íberos y africanos, soldados de fortuna que de lo único que entienden es de matar, matar y matar para conseguir las altas recompensas prometidas por generales tan ávidos de poder como ellos mismos.

Pero Sagunto tiene muros altos, construidos para ese fin y una situación estratégica excelente, pero para Aníbal ese problema no es nuevo y flanquea a la ciudad desde todos los ángulos con una maquinaría pesada y otra más ligera, torres de asalto y una infantería entregada.

De tal forma se plantea el asedio que en varios
meses no consigue hacerse con la ciudad, rompe sus muros pero se topa con los escudos y lanzas de los edetanos bien apostados en estas brechas que repelen una vez y otra a estos soldados.

Mientras se suceden los ataques se reconstruyen las brechas hechas por las catapultas y arietes que se van abriendo paso a fuerza de golpes. Pero si piedras son lo que lanzan los cartaginenses ellos no amedrentan, es más, lanzan desde las murallas a cualquier enemigo que se acerca. Tienen un arma mortífera, la falárica, jabalina que lanzaban con una especie de ballesta a una distancia grande las cuales podían ir impregnadas de pez y azufre negro que se prendían fuego para que los enemigos fueran desarmados y poder eliminarlos.

Una de ellas hirió a Aníbal en el muslo izquierdo.


Dice Tito Livio "ninguno dio un paso atrás por miedo a que el enemigo ocupara el espacio que él dejara libre".




Tal era la defensa de los edetanos ante el enemigo cartaginés  que Aníbal retiró sus tropas e inició una tregua mientras traían los escorpiones de Qart Hadasht (Cartago Nova), la actual Cartagena, unas catapultas enormes que lanzaban piedras a una velocidad descomunal. Pero los edetanos no se quedaron quietos, se
aceleraron las obras de reconstrucción para resistir hasta que llegaran sus aliados protectores  ya que estos mandaron unos mensajeros a Roma para que intercedieran ante este ataque, pero estos no hicieron nada más que mandar una embajada al campamento Cartaginés para negociar con Aníbal, que fue repelida por este, humillando a los romanos de tal forma que partieron a Cartago para manifestar su malestar por el ataque producido a Sagunto.  

Así que teniendo Aníbal vía libre  sin tener que enfrentarse a un rival parecido o superior, la guerra que se dispuso desde ese momento ya era la del desgaste sin bajar la guardia  por lo que los bombardeos no cesaron, cayendo parte de la muralla, generando dos nuevos muros uno defendido por los cartagineses y otro interior defendido por los edetanos. 

Aunque Aníbal se ausento del sitio de Sagunto para reprimir una pequeña revuelta de los oretanos y carpetanos mientras su lugarteniente Marhabal se encargó de ir reduciendo el sitio hasta un reducto pequeño en lo alto de la fortaleza.

Aníbal decide dar la puntilla al asedio  sabiendo que están extenuados los edetanos, no solo por los ataques sino por la escasez de alimentos, envía a un mensajero, Alorco, de origen íbero y que les explica las intenciones de Aníbal.

Estos edetanos  le devuelven el mensaje  arrojando al fuego todas sus valiosas pertenencias, desde el oro hasta el plomo. Pero Alorco, no tiene necesidad de devolver el mensaje a Aníbal ya que en esos preciosos momentos destruye la muralla con los arietes y zapadores que picaban los fundamentos de esta  entrando las fuerzas cartagineses y enviando la señal de ataque en conjunto  pues nadie la
defendía.

Se produjo una gran masacre, ya no solo de hombres  sino de mujeres y niños pues muchos se encerraron en sus casas incendiándolas con ellos dentro, otros se despeñaron muralla abajo después de asesinar a sus hijos, aunque hubo una captura grande se sobrevivientes antes de que se sumaran al suicidio colectivo.

De esta forma entraría Sagunto en la historia de España, como un ejemplo de sacrificio por parte de sus habitantes ante el invasor. No cedieron en nada, no querían que nadie gobernara sus vidas por la fuerza sino por alianzas. Recordada en tiempos de dificultad como en la Guerra de la Independencia donde se escribió Oda a las ruinas de Sagunto.

Y Sagunto o Arse quedó completamente desbastada, por ese momento, ya que tuvo que ser reconstruida pues tiempo después fue conquistada por Escipión. 

Con esta batalla  Aníbal comenzó su periplo hacia Roma.

Pero esa historia la contaremos más adelante. 



Bibliografía:


Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario