lunes, 8 de junio de 2015

MADRE QUERIDA, NO PIERDAS EL ANIMO, PUEDE QUE VUELVA OTRA VEZ...


MADRE QUERIDA, NO PIERDAS EL ANIMO, PUEDE QUE VUELVA OTRA VEZ...
Con estas palabras se dirigía el soldado Joseph Ditchburn a su madre mientras estaba en el campo de batalla en la I Guerra Mundial. Unas palabras muy significativas pues resumen las miles  que el Archivo Británico ha abierto al público después de 100 años.

Unas 500.000 páginas donde las palabras más sencillas y con mas sentimiento reflejan el animo, la situación y la preocupación por los suyos en unos momentos tan duros e inciertos en la vida.





Y es que la I Guerra Mundial o Gran Guerra, es la mayor incongruencia de ese tiempo. El mundo había experimentado un cambio tremendo, donde la forma de fabricar, los inventos y desarrollos industriales habían avanzado de tal forma, que las clases medias hicieron en poco tiempo su aparición ganándole terreno a las dos tradicionales, la pobre y la rica.



Pero la eclosion del huevo fue una explosión, y afectó a los hombres de ese tiempo que en tan poco tiempo tuvieron que asimilar los cambios que se produjeron.

Ese aceleramiento, que aún sigue hoy, aunque no nos demos cuenta, fue tan perjudicial como beneficioso, y en aquel tiempo fue,muy, muy perjudicial.

Las naciones que tenían un estatus y que veían como las pequeñas emergían, donde los añejos triunfos pesaban en las mentes y los antiguos imperios no querían dar paso a las naciones que les empujaban al abismo; en todo ese ambiente se produjo la fatal y desastrosa contienda, donde millones de jóvenes no tuvieron oportunidad de vivir esa vida de cambio, muriendo por un sistema caduco que hombres gordos y barbudos, viejos y añejos como sus ideas, fumaban sus puros y bebían sus cafés en casinos disputando territorios como si del juego Risk se tratara.


La situación en el campo de batalla fue algo brutal; acostumbrados a las batallas del siglo XIX donde los ejércitos se enfrentaban a campo abierto, donde las bayonetas se hundían en el pecho de su enemigo y como mucho los cañones eran los temidos; estos nos sabían como luchar, ahora había aviones, unos prototipos de carros blindados que luchaban contra caballería. Vamos un caos, trincheras y trincheras abiertas resguardándose de... De no morir.

En esos momentos donde los soldados sólo podían pensar, lo hacían recordando a su familia, y la única forma que tenían de comunicarse era la carta. 


Pero hay un tipo carta que ha sorprendido a todos y son las últimas voluntades que estos reflejaban en unas cuartillas donde la letra apretujada, recalcada por la fuerza que da el miedo, los trazos con borrones por las gotas de agua de la lluvia, refleja la situación en la que se encontraban.

El Ministerio de la Guerra exigía que antes de la batalla mediante dos testigos tenían que verificar las pertenecías personales de cada soldado, pero no le exigía hacer testamento. Esto hizo que los soldados en las trincheras cosieran en sus abrigos unas cuartillas con su propia letra para que cuando los encontraran muertos, pudieran hacerle llegar la carta y las pertenencias a sus familiares.

Por eso muchas comienzan "Querida Madre" y continúa en un momento dado "En caso de mi muerte"



En estas cartas se reflejan no solo los sentimientos del soldado y el animo que quiere transmitir a su familia sino que es una fuente valiosa para los historiadores, pues describen como fue la situación antes de la contienda donde murieron.

Por ejemplo:

"Estamos en una muy mala situación de dinero y no tenemos cigarrillos. Hemos pasado una mala época espero llegar a casa antes de que esta guerra acabe"


Esta recopilación de manuscritos, la situación en la que se encontraron y escribieron, nos debe hacer reflexionar sobre la dureza de las guerras, sobre lo que tuvieron que pasar esos jóvenes que se les truncó la vida por unas ambiciones desmedidas.

Bibliografia:

El Pais
La Aventura de la Historia
www.historiasiglo20.org
www.informador.com
ABC

Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario