lunes, 9 de marzo de 2015

EL VALOR DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES



Era el 3 de marzo de 1678, Europa es un campo de batalla, los franceses luchan contra los españoles en un intento de dominio sobre Flandes que esta experimentando un auge económico tremendo, y España defendiendo el imperio que ya empezaba a desmembrarse, los costes de muchos frentes abiertos bajo unos monarcas débiles y en banca rota hacía el resto.

En esa mañana, el gobernador Francisco de Pardo observa como ante la plaza de Gante (Bélgica) se llena de tropas francesas, los nervios se lo comen, de inmediato da ordenes para que todos los hombres disponibles, unos 4.000, estén alerta; esto no lo esperaba, ya que había enviado al resto de su ejército a Luxemburgo, de tal forma que se vio acorralado.



El Mariscal Humiéres estaba esperando a su rey Luís XIV, que llegó hacia el 8 de Marzo; desfiló anteriormente ante las murallas de la plaza, bajo la atenta mirada de los españoles, hombres acostumbrados en batallas duras y curtidos por los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con sus grandes picas y sus arcabuces, pero lo único que nunca le faltaba era el orgullo y la temeridad de ser español perteneciendo al mejor ejército de la época, esto último los hacía mas peligrosos que todos los cañones juntos.

Los franceses que respondieron al enviado del gobernador que estaban allí para rendir la plaza, cumplieron con su cometido cuando iniciaron un bombardeo, no muy intenso ese mismo día, como aviso de lo que le podía caer a los españoles sino rendían pacíficamente Gante.

En los despachos oficiales, los correos iban y venían firmando tratados que luego no se cumplían, ya que  el sello final no era el lacre donde marcaban el escudo real, era la sangre de muchos soldados, que se vertía para conseguir lo que algunos llamaban honor.

El rey Sol, decidió no esperar más y por la tarde se inicia el asalto a Gante, produciéndose la rendición de la plaza el día 9.

Pero los tercios españoles no se rinden tan fácilmente, unos 500 hombres junto a su gobernador se refugian en el castillo donde resisten hasta el día 12, pues el mariscal de Luxemburgo no permitirá ni un día más la resistencia de los españoles, consiguiendo su cometido.

Gante cayó y no fue la única plaza en ese año, comenzaba la hegemonía francesa en detrimento de la española.


Flandes siempre fue un hueso duro de roer, pero no fue culpa de sus habitantes, mas bien fue por la inutilidad de los gobernantes que ocupaban los puestos por enchufe más que por su valía al frente de ellos, unos monarcas centrados más en las cacerías que en los asuntos de estado, así que  la ciudad que vería nacer al Emperador Carlos, en una noche de fiesta, cuando su madre Juana I de Castilla, no solo libraba batallas contra la corte de Borgoña sino por los dolores de parto fue defendida no por flamencos, sino por españoles que luchaban con honor, valentía y coraje por unos reyes que no merecían ni la comida que le preparaban.


                                        

BIBLIOGRAFÍA:

La Historia de la Vieja Iberia


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