domingo, 20 de diciembre de 2015

¿CÓMO SE HACÍA EL RESCATE DE CAUTIVOS EN BERBERÍA?


En el siglo XVII navegar por las costas Africanas del Atlántico y Mediterráneo era exponerse a caer cautivo de los piratas berberiscos, los cuales sacaban suculentos beneficios por los rescates pedidos a las familias europeas, y si no había quien pagase el rescate, los vendían como esclavos en los mercados de las ciudades de Tetuan, Argel, Oran, etc...

Esto produjo un miedo al sarraceno en los viajes por mar que era raro avistar un barco solo navegando por la mar, siempre se esperaba a que las flotas de guerra saliesen a su destino; un ejemplo son los galeones españoles cuando hacían la ruta de las Indias, hay aprovechaban muchos navegantes para unirse a esa flota y surcar los mares a las Islas Canarias o a varios presidios españoles a los cuales les llevaban provisiones o comerciaban con ciudades como Larache (Marruecos)

Pues hay una historia poco conocida sobre 250 personas, entre ellas soldados y habitantes de la fortaleza, que sufrieron el cautiverio sarraceno hasta que fueron liberadas pagando un rescate negociado con el Emir Muley Ismail, el segundo rey de la dinastía alauita que ahora gobierna en el actual Marruecos.

La Mamora, San Miguel de Ultramar, la actual Mahída
Todo comienza en La Mamora, [la actual Mahída (Marruecos) y rebautizada por los españoles en 1614 como San Miguel de Ultramar, estando situada en la desembocadura del Río Sebú] en 1680, cuando, estando esta fortaleza española a cargo de 160 soldados bajo las ordenes de D. Francisco Peñalosa y Estrada, fueron atacados por unos 80.000 araguenos sometidos al Emir Muley Ismail, que tenían su capital en Mequinez; teniendo que rendir la plaza y dejando como rehenes a los ciudadanos hasta cubrir un rescate por ellos. Solo permitieron la salida y libertad al gobernador, al veedor Bartolomé de Larrea; al capitán Juan Rodríguez; al alférez Juan Antonio Castillo, al sargento Cristóbal de Cea y a sus esposas, además de a los frailes capuchinos Andrés de la Rubia y Jerónimo de Baeza, y junto a todos ellos dos sobrinos del veedor; para llegar a España y rendir cuentas al Rey.

Normalmente estas personas cautivas podían pasar años en ese estado ya que las comunicaciones en esa época no es como ahora y por supuesto el reunir la cantidad de dinero establecida tampoco, y más para España que estaba en una profunda crisis a causa de los ineficaces y corruptos gobernantes.

Pero nosotros nos centraremos en CÓMO y QUIÉN hacia las negociaciones así como detalles de cuánto podían costar el rescate dependiendo del cautivo, comenzando como se produjo este ventajoso trabajo.

Cuando los sefardíes (judíos españoles) y los andalusíes (musulmanes españoles) fueron expulsados de su tierra por orden de los soberanos Castellanos y luego por sus sucesores españoles, se establecieron en el norte del Magreb (Marruecos) donde no fue fácil su integración, los primeros por ser judíos, y los segundos porque el mundo musulmán no los veía como auténticos fieles ya que en la península no se practicaba el Islam de forma rigurosa, siendo más liberales que en la mayoría de los territorios sometidos a la Sharia, o ley Coránica. Por eso muchos murieron de inanición o eran expulsados de ciudades, a lo que se tuvieron que buscar la vida de forma truhán y como conocían las costas españolas y sus ciudades el pillaje era una buena forma de hacerlo, por lo que lo que comenzó a ser una supervivencia, atacando barcos de pesca y algunos mercantes para vender las mercancías en las ciudades del norte de África, se convirtió en una red de piratas organizada y estructurada, con su jerarquía y leyes, que cambió el modo de vivir de muchas personas.
Mapa de La Mamora

Aunque siempre desde tiempos imperiales romanos la piratería se fue combatiendo y todavía no se ha acabado, los siglos XV al XVIII, inclusive, fue el más proliferó en todas las aguas.

Pues bien, sabiendo cómo comenzó llegamos al punto de que hacían con los cautivos, pues se dieron cuenta que la mercancía más lucrativa era la de los rehenes, no ya los esclavos, sino el secuestrar, pues cuando abordaban a un barco importante y las personas que secuestraban era de alta alcurnia, los familiares proporcionaban una gran suma de oro, plata y piedras preciosas que enriquecían al pirata de forma rápida, teniendo como beneficios también la carga material. Claro los primeros rescates se hacían personalmente, es decir, se negociaban directamente, la familia con el pirata.

No obstante al muy poco tiempo, los judíos sefardíes, se mezclaron en estos asuntos, pero solo como intermediarios, dando una apariencia buena y solidaria ante las familias cristianas europeas, y cobrando suculentos dineros con la mano de atrás a los piratas. Un negocio redondo, llegando a establecer un precio estándar por la persona, su apellido, su profesión y su estado físico, unos 200 pesos de plata, aunque se podía llegar a los 600.

Esto creó una estructurada jerarquía que hacía que muchos se dedicarán a este negocio, como a cualquier otro, pues lo que hacían era custodiar en su casa a los cautivos y cuando estos fueran rescatados, cobrar una cantidad extra a demás de los gastos que los cautivos le habían proporcionado durante su estancia. Esto hacía que el sultán o el pirata no afrontará los gastos directamente de sus arcas. Así que la red de piratería se ampliaba implicando a más personas, asegurando así el trabajo.

Puerto de Sevilla
Como se estableció una maraña  de intermediarios, los rescates se hacían cada más imposibles, lo que dio paso a que se profesionalizarán las negociaciones y se dejaron a cargo de hermandades monásticas como los Mercedarios y los Trinitarios, ordenes eclesiásticas que nacieron con un fin parecido tiempo atrás.

Estos establecidos en plazas como Ceuta o Melilla, pero siempre con las órdenes traídas desde Sevilla, la puerta al mar desde la península durante mucho tiempo, trataban de enterarse quien había sido hecho cautivo y comprobarlo con las informaciones de la península.


Contactaban con la familia y reunían el dinero para hacer la negociación, luego escoltados por tropas, normalmente españolas, viajaban hasta las ciudades donde estaban los cautivos y se redimían aquellas almas que esperaban y sabían que iban a ser rescatadas. Viajando de nuevo hasta Ceuta o Melilla donde eran puestos en libertad.

Recordando a los cautivos de La Mamora, estos sufrieron un cautiverio de un año, hasta que los monjes Trinitarios pagaron una enorme suma de oro al Mulay Ismail, y los trajeron de vuelta, además de unas 17 imágenes de la cristiandad por las que tuvieron que pagar otro rescate. Una de ellas es el conocido ECCE HOMO Cristo de Medinacelli, por el cúal pagaron Treinta Doblones de Oro, como la novela histórica de Sánchez Adalid refleja muy   bien.

BIBLIOGRAFÍA:
https://es.m.wikipedia.org/wiki/La_Mamora
http://www.tercios.org/Africa/mamora.html
http://queaprendemoshoy.com/la-historia-del-cristo-de-medinaceli/
http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1457868.pdf
Treinta doblones de Oro, Jesús Sánchez Adalid

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